Photos

3-tag:mercesans-1110px-slider

LA IMPORTANCIA DE MARCARNOS OBJETIVOS


Seguro que más de una vez habéis ido a comprar al supermercado sin hacer antes la lista de la compra. Si la respuesta es afirmativa, ¿cuál ha sido el resultado? Seguramente, al llegar a casa, te darás cuenta de que habrás comprado cosas que en realidad ya tenias o no te hacían falta y te habrás olvidado de otras que realmente si necesitabas. Y además de todo esto, seguro que has tardado mucho más en hacer la compra porque habrás repetido más de una vez algún pasillo o alguna sección.

Pues algo parecido nos suele ocurrir cuando vamos por la vida sin objetivos claros o bien definidos. Cuando nos dejamos llevar por la inercia del día a día, sin tener una visión de lo que realmente queremos, damos vueltas y más vueltas, repetimos errores, incorporamos cosas o personas a nuestras vidas que realmente no nos hacen ninguna falta (más bien al contrario, nos obstaculizan) y nos acabamos olvidando de aquello que realmente necesitamos. Y en el mejor de los casos, si así y todo acabamos consiguiendo aquello que nos habíamos propuesto, la inversión en tiempo y energía habrá sido mucho mayor, con su consecuente desgaste físico y emocional.

¿Cómo podemos entonces definir cuáles son nuestros objetivos? ¿Qué criterios debemos tener en cuenta? A continuación os muestro la propuesta de la mayoría de autores que han hablado sobre cuáles son las cualidades de un buen objetivo:

-específicos: cómo por ejemplo la lista del súper. No basta con proponernos comprar comida, debemos tener muy claro qué tipo de comida, de que marca, tamaño y precio. Formularnos las cinco preguntas: qué, porqué, cómo, cuándo y con quién.

-conscientes: para hacer un objetivo consciente nos ayudará ponerlo por escrito. La escritura, al ser una actividad diferida del pensamiento, nos ayuda a poder rectificar y pulir aquella visión que tenemos en nuestra mente y darle forma hasta obtener en el papel aquello que realmente buscamos.

-auto-motivador: la motivación es el combustible que nos empuja hacia el objetivo y hace que nos pongamos en marcha. Nos empuja a la acción. Para que un objetivo nos motive, es fundamental que sea propio, que no nos venga marcado por otros. Si somos nosotros quienes elegimos, mantendremos la responsabilidad de llevarlos a cabo. Cuando deseamos algo rendimos más que cuando nos lo imponen como una obligación.

-en positivo: no es lo mismo decir “no quiero perder” que “quiero ganar”. Está demostrado que aquello en lo que centramos nuestra atención, se expande. Vayamos hacia lo que queremos, en vez de huir de lo que no queremos.


Cuando tengamos claro qué es lo que deseamos y nos pongamos en marcha para conseguirlo, sin saber cómo, empezaran a pasar cosas que nos ayudaran a ver si vamos o no por el buen camino. La Sincronicidad actuará de nuestra parte.


“El mundo le abre paso al hombre que sabe a dónde se dirige”. – Ralph Waldo Emerson









PRIORÍZATE ¿Cuándo fue la última vez que afilaste tu hacha?



Puede ser una idea más o menos extendida que aquellas personas que le dan valor a su tiempo libre para dedicarlo a aquello que les gusta, son ociosas y por lo tanto, puede que irresponsables o incluso vagas. Pero también podemos verlo desde otra perspectiva. Tal vez son personas sabias, puesto que saben gestionar su tiempo de manera eficaz, reservando un espacio para su propio cuidado, dándose a ellos mismos el valor que merecen.

Ante la perspectiva de dedicarte a cuidar más de ti mismo...
¿Alguna vez has pronunciado TÚ esta frase?
Buff... No, no tengo tiempo.

Pues si es que sí, déjame que te cuente un cuento, 

Había una vez un talador de árboles que se presentó a trabajar en una maderera. El sueldo era bueno y las condiciones de trabajo mejores aún; así que el leñador se decidió a hacer un buen trabajo.

El primer día se presentó al capataz, quien le dio un hacha y le designó una zona.

El hombre entusiasmado salió al bosque a talar.

En un solo día cortó dieciocho árboles.

—Te felicito –dijo el capataz— sigue así. Animado por las palabras del capataz, el leñador se decidió a mejorar su propio desempeño al día siguiente; así que esa noche se acostó bien temprano.

A la mañana siguiente se levantó antes que nadie y se fue al bosque.

A pesar de todo el empeño, ese día no consiguió cortar más que quince árboles.

—Me debo haber cansado –pensó y decidió acostarse con la puesta del sol.

Al amanecer, se levantó decidido a batir su marca de dieciocho árboles. Sin embargo, ese día no llegó ni a la mitad.

Al día siguiente fueron siete, luego cinco y el último día estuvo toda la tarde tratando de voltear su segundo árbol.

Inquieto por el pensamiento del capataz, el leñador se acercó a contarle lo que le estaba pasando y a jurarle y perjurarle que se esforzaba al límite de desfallecer.

El capataz le preguntó:

— ¿Cuándo afilaste tu hacha la última vez?

— ¿Afilar? No tuve tiempo de afilar, estuve muy ocupado cortando árboles.




Este cuento nos explica lo importante que es descansar, cuidarse, tener alguna afición, dedicar tiempo a hacer aquello que nos gusta, cambiar de ocupación, hacer cosas distintas. Esta es la mejor manera de afilar “nuestras herramientas” y de recuperar la energía que necesitamos para nuestro día a día.

Seguir haciendo algo a la fuerza, cuando ya no nos queda energía, suele ser en cambio, un vano intento de reemplazar con voluntad nuestra incapacidad para realizar de manera eficaz una tarea en un momento determinado.

Priorízate 

Puedes cambiar la respuesta de "No tengo tiempo" a "Voy a elegir qué hacer con mi tiempo" y comprobar los resultados. 


Y sobre todo... no dejes de contárnoslo. 





La flecha envenenada. Ahondar en el problema o buscar la solución


Muchas veces, nos empeñamos en saber el porqué de las cosas y sin darnos cuenta, dejamos de ocuparnos de ellas en el momento presente...


"Hubo una vez un hombre que fue herido por una flecha envenenada. Sus familiares y amigos le procuraron un médico, pero el hombre enfermo se negaba a ser atendido por él, diciendo que antes quería saber el nombre del hombre que lo había herido, la casta a la que pertenecía y su lugar de origen. 


Quería saber también si este hombre era alto, fuerte, tenía la tez clara u oscura y también requería saber con qué tipo de arco le había disparado, y si la cuerda del arco estaba hecha de bambú, de cáñamo o de seda. Decía que quería saber si la pluma de la flecha provenía de un halcón, de un buitre o de un pavo real... 

Y preguntándose si el arco que había sido usado para dispararla era un arco común, uno curvo o uno de adelfa y todo tipo de información similar, el hombre murió desangrado a causa de su herida".


Algunas veces, buscamos incesantemente los motivos de nuestros miedos, a tal o cual cosa o situación, queremos saber porqué tenemos tendencia a ciertos patrones de conducta, etc.
Y aunque es cierto que puede ser aclaratorio para nosotros profundizar en estas cuestiones, no debemos dejar de lado empezar a orientarnos hacia la solución, emocional o práctica, de la cuestión que nos perturba. Lo ideal es que sean procesos que funcionen en paralelo, puesto que son compatibles y puede hacerse de forma simultanea. 

En las sesiones de psicoterapia tenemos presente cuál es el problema y buscamos la causa, pero también nos orientamos hacia la solución, puesto que en ocasiones, es justamente poner solo el foco en la situación conflictiva lo que nos bloquea y nos impide avanzar para dejar de perturbarnos.

Cuando hay un incendio, primero hay que apagarlo y después buscar las causas. 

Analizamos conjuntamente 3 aspectos:

1. Cuál es la situación origen
2. Inspeccionamos qué emociones sentimos
3. Indagamos en nuestros pensamientos y creencias irracionales sobre esa situación a través de nuestro diálogo interior, es decir, viendo cómo la interpretamos y/o evaluamos.

A partir de este proceso, aprendemos nuevas formas de pensar, más racionales y más saludables que nos ayuden a manejarnos de una manera más funcional, consiguiendo con todo ello un cambio filosófico profundo que nos ayudará a relacionarnos con nuestro entorno en el presente y en el futuro de una forma más tranquila y serena.



¿Te animas? ;-)



 


Mercè Sans
Psic. Col·legiada 15.947
Telf 658 42 01 90