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La Ley de la Reciprocidad


Como introducción, veamos la diferencia entre estos dos conceptos y la Ley que hoy nos ocupa:
DOLOR vs. SUFRIMIENTO

El Dolor es algo natural y sucede cuando pasan cosas o se dan situaciones que escapan a nuestro control, y aunque preferiríamos que no pasaran, asumimos que no podemos hacer nada para que sea distinto puesto que no está bajo nuestra zona de influencia. Por muy incómodo o molesto que sea, o hasta altamente doloroso, la única opción es aceptarlo, y eso no significa que no nos hiera.

El Sufrimiento es opcional, es una elección. (Aquí habrá opiniones diversas). Sufrimos cuando NO aceptamos que hay cosas que no podemos controlar, situaciones que nos trae la vida o conductas de otras personas, y nos empeñamos en querer que sea distinto, aún sabiendo que no podemos hacer nada para cambiarlo. Son todas aquellas cosas o situaciones que están fuera de nuestra zona de influencia, tan fuera como nuestro dominio sobre el hecho de que llueva o haga sol.

Fuera de nuestra zona de control se encuentran todas las conductas, emociones, opiniones, pensamientos, etc. de las demás personas, y todos los imponderables de la vida, aquello que sucede de manera inesperada, imprevisible e inevitable.

Como habréis leído un poco más arriba, en relación a lo que creemos que controlamos, están las conductas de las demás personas con las que nos relacionamos. Tenemos la expectativa de que exista una LEY de Reciprocidad en las relaciones, como algo que DEBERÍA ser así porque es lo JUSTO). Lo damos casi por hecho, puesto que es de justicia que si yo me porto bien, los demás y sobretodo la vida, se porte bien conmigo.

Y este pensamiento en sí mismo genera un alto sufrimiento y frustración, puesto que en un gran número de ocasiones esta ley no se cumple…

Si fuera una Ley, como la Ley de la Gravedad, se cumpliría SIEMPRE, sin excepción. Si existen excepciones, no puede ser una Ley. La Reciprocidad sí es algo altamente deseable en la conducta entre humanos, pero no es una Ley.

Si cambiamos el imperativo moral de “Debería ser así” por un deseo de “Me gustaría que fuera así”, asumimos la posibilidad de que no se nos devuelva en el mismo grado que nosotros damos. Se trata de cambiar esta exigencia por una preferencia, y así, si se cumple esta desigualdad, obviamente nos molestará y nos dolerá, pero no nos causará un sufrimiento exagerado. Será incómodo y molesto pero lo podremos soportar sin caer en la rabia ni la frustración.

Si dedicamos nuestra energía a querer cambiar aquello que no depende de nosotros y escapa de nuestro control, nos volvemos más vulnerables, nos frustramos, nos enfadamos y nos agotamos, acumulando emociones como rabia y tristeza.





Según el diagrama anterior, pregúntate sobre esas situaciones que ahora mismo te causan sufrimiento :
¿Depende de mi? 
¿Puedo hacer algo para cambiarlo?

Si la respuesta es SI-  Me pregunto, ¿Qué puedo hacer? y entonces Actúo 
Si la respuesta es No- Aunque preferiría que fuera distinto, no entra dentro de mi zona de influencia poder cambiarlo. Por lo tanto, aunque me gustaría que esta situación no se hubiera dado, lo acepto. Puede que me cause dolor tener que vivir esta situación, pero como sé que no puedo cambiarlo, elijo no sufrir por ella y dedico mi tiempo y energía en las cosas que puedo realmente controlar.

Tomar conciencia de esta nueva perspectiva nos puede ayudar a aliviar sufrimientos y sobrellevar el dolor, hacer un buen duelo si ha habido una perdida, mejorar nuestras relaciones interpersonales, etc. 

Reciprocidad y Justicia son dos leyes que no están muy presentes en el día a día, aunque sí son muy deseables y bien es cierto que hay muchos comportamientos humanos que obedecen a valores muy cercanos a ellas. 
Por suerte, la Ley que sí existe es el cambio. Y como dice el cuento Zen del anillo de rey, si estás pasando por un mal momento, respira y ten por cierto que pasará, y si estás pasando por un buen momento, disfrútalo porque también pasará. 
 

Y como colofón, una frase que se atribuye a Bruce Lee

«ESPERAR QUE LA VIDA TE TRATE BIEN POR SER BUENA PERSONA ES COMO ESPERAR QUE UN TIGRE NO TE ATAQUE POR SER (TU) VEGETARIANO,»







CENTRO DE PSICOLOGÍA & COACHING

   Te damos la bienvenida a nuestro centro de Psicología y Coaching


Nuestra orientación es congnitivo-conductual (TREC Terapia Racional Emotivo Conductual) certificada por el Albert Ellis Institute de Nueva York.

Trabajamos con una terapia breve, centrada en buscar soluciones y en las primeras sesiones ya se pueden notar claramente los cambios, cuando la persona se implica en el proceso. 


Porque no es necesario estar mal para querer obtener una mejora personal o profesional .
Si necesitas nuevos objetivos te ayudamos a crearte un plan de acción para conseguirlos, haciendo uso de todos tus recursos y desplegando todas tus capacidades y todas tus competencias.





PRIORÍZATE ¿Cuándo fue la última vez que afilaste tu hacha?



Puede ser una idea más o menos extendida que aquellas personas que le dan valor a su tiempo libre para dedicarlo a aquello que les gusta, son ociosas y por lo tanto, puede que irresponsables o incluso vagas. Pero también podemos verlo desde otra perspectiva. Tal vez son personas sabias, puesto que saben gestionar su tiempo de manera eficaz, reservando un espacio para su propio cuidado, dándose a ellos mismos el valor que merecen.

Ante la perspectiva de dedicarte a cuidar más de ti mismo...
¿Alguna vez has pronunciado TÚ esta frase?
Buff... No, no tengo tiempo.

Pues si es que sí, déjame que te cuente un cuento, 

Había una vez un talador de árboles que se presentó a trabajar en una maderera. El sueldo era bueno y las condiciones de trabajo mejores aún; así que el leñador se decidió a hacer un buen trabajo.

El primer día se presentó al capataz, quien le dio un hacha y le designó una zona.

El hombre entusiasmado salió al bosque a talar.

En un solo día cortó dieciocho árboles.

—Te felicito –dijo el capataz— sigue así. Animado por las palabras del capataz, el leñador se decidió a mejorar su propio desempeño al día siguiente; así que esa noche se acostó bien temprano.

A la mañana siguiente se levantó antes que nadie y se fue al bosque.

A pesar de todo el empeño, ese día no consiguió cortar más que quince árboles.

—Me debo haber cansado –pensó y decidió acostarse con la puesta del sol.

Al amanecer, se levantó decidido a batir su marca de dieciocho árboles. Sin embargo, ese día no llegó ni a la mitad.

Al día siguiente fueron siete, luego cinco y el último día estuvo toda la tarde tratando de voltear su segundo árbol.

Inquieto por el pensamiento del capataz, el leñador se acercó a contarle lo que le estaba pasando y a jurarle y perjurarle que se esforzaba al límite de desfallecer.

El capataz le preguntó:

— ¿Cuándo afilaste tu hacha la última vez?

— ¿Afilar? No tuve tiempo de afilar, estuve muy ocupado cortando árboles.




Este cuento nos explica lo importante que es descansar, cuidarse, tener alguna afición, dedicar tiempo a hacer aquello que nos gusta, cambiar de ocupación, hacer cosas distintas. Esta es la mejor manera de afilar “nuestras herramientas” y de recuperar la energía que necesitamos para nuestro día a día.

Seguir haciendo algo a la fuerza, cuando ya no nos queda energía, suele ser en cambio, un vano intento de reemplazar con voluntad nuestra incapacidad para realizar de manera eficaz una tarea en un momento determinado.

Priorízate 

Puedes cambiar la respuesta de "No tengo tiempo" a "Voy a elegir qué hacer con mi tiempo" y comprobar los resultados. 


Y sobre todo... no dejes de contárnoslo.