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RE-ESCRIBIR EL GUIÓN DE VIDA


Suele suceder que cuando vemos una buena película, podemos llegar a identificarnos con alguno de sus personajes hasta contagiarnos de sus emociones, poniéndonos en su piel , haciendo nuestra su identidad y sus circunstancias. Tanto es así que cuando empiezan a salir los créditos, algunos tienen que disimular las lágrimas si era un drama, relajarse si era de acción o respirar hondo y destensar los músculos si era de zombis.

Según el doctor Eric Berne, creador inicial del Análisis Transaccional, no sólo nos identificamos con un personaje en las películas, también hacemos nuestro el personaje que nos ha tocado representar en el guión de nuestra propia vida. Observó que todas las personas a las que acompañaba en sus procesos de terapia psicológica “actuaban” según lo que él denominaba guión de vida.

¿Qué era para Eric Berne el guión de vida”? Se trata del argumento pre-establecido, casi siempre de una obra dramática, que la persona se siente obligada a representar, independientemente o no de si se siente identificado con el personaje protagonista de esa obra .

El guión de vida de cada persona se establece en la infancia, bajo la influencia de aquellas personas que son cercanas y relevantes para cada uno de nosotros y queda reforzado por las diferentes experiencias que vamos viviendo a medida que vamos creciendo. Es en la infancia cuando se establecen las bases de nuestra autoestima, asumimos nuestro valor y el valor de los demás, y es por ello que debemos remontarnos a aquella época para tomar conciencia, descubrir y revisar nuestro guión de vida para cuestionarlo y asegurarnos de si estamos viviendo en la piel del personaje que realmente queremos o si en realidad estamos viviendo la vida que nos han dicho que nos toca vivir.

Según Berne, existen ciertos “mandamientos” o mensajes que nos llegan siendo niños y ejercen una importante influencia emocional sobre nosotros y a base de repetirse, día tras día, por las personas que son significativas para nosotros, se quedan anclados en el guión que representaremos en adelante. Normalmente estos mandamientos provienen de circunstancias dramáticas vividas por otros y acabaran condicionando nuestras futuras creencias y nuestra actitud frente a la vida.
Berne y otros expertos, definen los siguientes impulsores o mandamientos (entre otros) como ejes del guión de vida forjado en la infancia, que debemos revisar y modificar para reescribirlo a nuestra propia manera :

1.No existas, no vivas, no seas. Podría ser el más destructivo de todos y nos llega a través de la idea, que se nos repite hasta la saciedad, de que “hay que ganarse la vida”, que la vida es dura, que estamos aquí para sufrir, etc… La vida ya la tenemos ganada al nacer, lo que toca después es aprender a vivírla con el máximo provecho y sin dañar a nadie.

2.No pertenezcas. Habitual en personas que deciden, de forma consciente o inconsciente, no relacionarse de manera profunda con nadie, como mecanismo de defensa frente al insoportable dolor que supondría el rechazo del otro. Si no me involucro no me harán daño.

3.No crezcas. Es la típica situación de sobreprotección en la que no se le permite al niño/a asumir funciones y responsabilidades propias de su evolución y desarrollo, fomentando sin quererlo su dependencia e impidiendo su autonomía, obteniendo como resultado adultos incapaces de tomar decisiones y aceptar compromisos.

4.No seas niño/a. El caso opuesto al anterior, en el que se le pide al niño/a abandonar sus necesidades naturales de la infancia para asumir responsabilidades demasiado elevadas para su etapa de desarrollo (cuidar de hermanos, de padres enfermos, etc).

5.¡No lo hagas! Detrás de este impulsor podemos encontrar el miedo al éxito; personas que sienten el hacer algo como un riesgo y por eso no hacen nada. Piensan, sienten, se quejan, pero no hacen.

6.Tus necesidades no son importantes. Aparece en los hijos de padres que deciden que no tienen tiempo para dedicar a sus hijos. El niño/a interpreta que si no tienen tiempo para él, es porqué no es importante, con lo cual no deben tenerse en cuenta sus necesidades y como tal se comportará en la edad adulta.

7.No sirves. Supone la exigencia de perfección de los hijos para compensar la falta de autoestima de los padres, queriendo tener un niño/a perfecto , acaban haciéndole sentir que no está a la altura de lo que se le pide.

8.No pienses. Se transmite este mandamiento cuando se ignoran las preguntas del niño/a o se responden de manera inadecuada o con mentiras. Se vive como un riesgo el hecho de tener ideas propias o pensar de forma diferente a los demás.

9.No sientas. Las emociones son desterradas por miedo o porque te hacen débil frente a los demás.

10. No disfrutes. Se prohíbe el placer porque se vive como el paso previo a una desgracia posterior. No se permite disfrutar de lo bueno anticipando que aquello no puede ser duradero y que más tarde o más temprano llegará algo malo.

Todos estos mandamientos bloquean e impiden desde la infancia, el sano desarrollo psicológico y la capacidad de vivir la vida con plenitud, pero por suerte, los guiones NO están cerrados y se pueden reescribir, tan solo hace falta cambiar todos esos mandamientos por permisos, esenciales para el proceso de cambio y crecimiento personal:

A partir de hoy puedes darte permiso para:

Vivir, existir, ser tu mismo, saber, pertenecer, crecer, ser niño, hacer, ser importante e importar, valer, pensar, sentir, superarte y disfrutar.

Busca papel, lápiz y sobretodo, goma de borrar, y si lo deseas, puedes volver a escribir tu guión de vida.






Fuente: Libro "La brújula interior"

AHIMSA. Respeto y No violencia, hacia uno mismo y hacia los otros


Hoy te quiero introducir la idea de Ahimsa.
Se trata de un concepto filosófico que aboga por la Paz Integral. Por el respeto y la No Violencia, hacia los demás ni hacia uno/a mismo/a. 

Tenemos todos muy claro que debemos mostrar respeto hacia el sufrimiento ajeno, sentir compasión por las personas que en cierto momento lo pueden estar pasando mal, escuchar sus argumentos, entenderlos, respetarlos y acompañarles siempre que podamos, con palabras y gestos amables. 

En ningún caso nos atreveríamos a reñir o a juzgar a un buen amigo que nos dice que ya no le llena su trabajo, seguramente le escucharíamos y le daríamos apoyo. Ni criticaríamos a un familiar cercano que nos explica que está bloqueado y siente miedo ante un cambio, ni menospreciaríamos el dolor de alguien que acaba de romper una relación, ni tampoco inocularíamos culpa o rabia sobre alguien que sin querer, ha cometido un error. 

Tenemos muy claro cómo NO debemos hablar ni tratar a las personas que sentimos cercanas, pero... ¿y qué me dices de cómo te hablas o te tratas a ti cuando estás en una de esas situaciones? 
¿Te has parado a escuchar tu diálogo interno cuando estas en un momento de estos? 

Veamos si te suenan estas expresiones...

"Ves, ya lo has vuelto a hacer"
"Nunca lo vas a conseguir"
"Ellos lo hacen mejor que tu"
"Tu no puedes aspirar a eso"
"Esto no es para ti"
"¿Otra vez te has cansado?"
"Siempre metes la pata" 
"¿Cómo se va a fijar en ti?"
"Seguro que cogen a otro para el puesto"
"Hay que ganar dinero. Déjate de tonterías y a trabajar"

¿Hablarías así a alguien a quien quieres de verdad? 
Entonces... ¿Porqué te hablas a ti así?

Y lo más importante... 
¿Eres más eficiente cuando te tratas así de mal? 
¿Consigues antes tus objetivos?
¿Y eres más feliz? 



Si has respondido con 3 NO, se acabó machacarse gratuitamente. 
Aplícate desde hoy mismo el concepto AHIMSA. 

Sigue desde ya estos nuevos preceptos: 

-No uses la violencia, ni de pensamiento ni de palabra, hacia ti mismo/a 
-Trátate con respeto 
-Sé benévolo/a contigo
-Deja de criticarte
-No te riñas ni te ofendas con malas palabras
-Háblate con consideración
-Sé realista y racional 
-No te compares con los demás
-Descubre hasta dónde puedes llegar tu
-Acepta que querer no siempre es poder. Y no pasa nada
-Descubre quién eres
-Haz las paces contigo 


Del camino de la auto-crítica, el juicio despiadado y la riña ya conoces el final.... prueba este nuevo camino, descubre el nuevo paisaje y sobre todo, disfruta con el acompañante 😏.








La Ley de la Reciprocidad


Como introducción, veamos la diferencia entre estos dos conceptos y la Ley que hoy nos ocupa:
DOLOR vs. SUFRIMIENTO

El Dolor es algo natural y sucede cuando pasan cosas o se dan situaciones que escapan a nuestro control, y aunque preferiríamos que no pasaran, asumimos que no podemos hacer nada para que sea distinto puesto que no está bajo nuestra zona de influencia. Por muy incómodo o molesto que sea, o hasta altamente doloroso, la única opción es aceptarlo, y eso no significa que no nos hiera.

El Sufrimiento es opcional, es una elección. (Aquí habrá opiniones diversas). Sufrimos cuando NO aceptamos que hay cosas que no podemos controlar, situaciones que nos trae la vida o conductas de otras personas, y nos empeñamos en querer que sea distinto, aún sabiendo que no podemos hacer nada para cambiarlo. Son todas aquellas cosas o situaciones que están fuera de nuestra zona de influencia, tan fuera como nuestro dominio sobre el hecho de que llueva o haga sol.

Fuera de nuestra zona de control se encuentran todas las conductas, emociones, opiniones, pensamientos, etc. de las demás personas, y todos los imponderables de la vida, aquello que sucede de manera inesperada, imprevisible e inevitable.

Como habréis leído un poco más arriba, en relación a lo que creemos que controlamos, están las conductas de las demás personas con las que nos relacionamos. Tenemos la expectativa de que exista una LEY de Reciprocidad en las relaciones, como algo que DEBERÍA ser así porque es lo JUSTO). Lo damos casi por hecho, puesto que es de justicia que si yo me porto bien, los demás y sobretodo la vida, se porte bien conmigo.

Y este pensamiento en sí mismo genera un alto sufrimiento y frustración, puesto que en un gran número de ocasiones esta ley no se cumple…

Si fuera una Ley, como la Ley de la Gravedad, se cumpliría SIEMPRE, sin excepción. Si existen excepciones, no puede ser una Ley. La Reciprocidad sí es algo altamente deseable en la conducta entre humanos, pero no es una Ley.

Si cambiamos el imperativo moral de “Debería ser así” por un deseo de “Me gustaría que fuera así”, asumimos la posibilidad de que no se nos devuelva en el mismo grado que nosotros damos. Se trata de cambiar esta exigencia por una preferencia, y así, si se cumple esta desigualdad, obviamente nos molestará y nos dolerá, pero no nos causará un sufrimiento exagerado. Será incómodo y molesto pero lo podremos soportar sin caer en la rabia ni la frustración.

Si dedicamos nuestra energía a querer cambiar aquello que no depende de nosotros y escapa de nuestro control, nos volvemos más vulnerables, nos frustramos, nos enfadamos y nos agotamos, acumulando emociones como rabia y tristeza.





Según el diagrama anterior, pregúntate sobre esas situaciones que ahora mismo te causan sufrimiento :
¿Depende de mi? 
¿Puedo hacer algo para cambiarlo?

Si la respuesta es SI-  Me pregunto, ¿Qué puedo hacer? y entonces Actúo 
Si la respuesta es No- Aunque preferiría que fuera distinto, no entra dentro de mi zona de influencia poder cambiarlo. Por lo tanto, aunque me gustaría que esta situación no se hubiera dado, lo acepto. Puede que me cause dolor tener que vivir esta situación, pero como sé que no puedo cambiarlo, elijo no sufrir por ella y dedico mi tiempo y energía en las cosas que puedo realmente controlar.

Tomar conciencia de esta nueva perspectiva nos puede ayudar a aliviar sufrimientos y sobrellevar el dolor, hacer un buen duelo si ha habido una perdida, mejorar nuestras relaciones interpersonales, etc. 

Reciprocidad y Justicia son dos leyes que no están muy presentes en el día a día, aunque sí son muy deseables y bien es cierto que hay muchos comportamientos humanos que obedecen a valores muy cercanos a ellas. 
Por suerte, la Ley que sí existe es el cambio. Y como dice el cuento Zen del anillo de rey, si estás pasando por un mal momento, respira y ten por cierto que pasará, y si estás pasando por un buen momento, disfrútalo porque también pasará. 
 

Y como colofón, una frase que se atribuye a Bruce Lee

«ESPERAR QUE LA VIDA TE TRATE BIEN POR SER BUENA PERSONA ES COMO ESPERAR QUE UN TIGRE NO TE ATAQUE POR SER (TU) VEGETARIANO,»