Photos

3-tag:mercesans-1110px-slider

PRIORÍZATE ¿Cuándo fue la última vez que afilaste tu hacha?



Puede ser una idea más o menos extendida que aquellas personas que le dan valor a su tiempo libre para dedicarlo a aquello que les gusta, son ociosas y por lo tanto, puede que irresponsables o incluso vagas. Pero también podemos verlo desde otra perspectiva. Tal vez son personas sabias, puesto que saben gestionar su tiempo de manera eficaz, reservando un espacio para su propio cuidado, dándose a ellos mismos el valor que merecen.

Ante la perspectiva de dedicarte a cuidar más de ti mismo...
¿Alguna vez has pronunciado TÚ esta frase?
Buff... No, no tengo tiempo.

Pues si es que sí, déjame que te cuente un cuento, 

Había una vez un talador de árboles que se presentó a trabajar en una maderera. El sueldo era bueno y las condiciones de trabajo mejores aún; así que el leñador se decidió a hacer un buen trabajo.

El primer día se presentó al capataz, quien le dio un hacha y le designó una zona.

El hombre entusiasmado salió al bosque a talar.

En un solo día cortó dieciocho árboles.

—Te felicito –dijo el capataz— sigue así. Animado por las palabras del capataz, el leñador se decidió a mejorar su propio desempeño al día siguiente; así que esa noche se acostó bien temprano.

A la mañana siguiente se levantó antes que nadie y se fue al bosque.

A pesar de todo el empeño, ese día no consiguió cortar más que quince árboles.

—Me debo haber cansado –pensó y decidió acostarse con la puesta del sol.

Al amanecer, se levantó decidido a batir su marca de dieciocho árboles. Sin embargo, ese día no llegó ni a la mitad.

Al día siguiente fueron siete, luego cinco y el último día estuvo toda la tarde tratando de voltear su segundo árbol.

Inquieto por el pensamiento del capataz, el leñador se acercó a contarle lo que le estaba pasando y a jurarle y perjurarle que se esforzaba al límite de desfallecer.

El capataz le preguntó:

— ¿Cuándo afilaste tu hacha la última vez?

— ¿Afilar? No tuve tiempo de afilar, estuve muy ocupado cortando árboles.




Este cuento nos explica lo importante que es descansar, cuidarse, tener alguna afición, dedicar tiempo a hacer aquello que nos gusta, cambiar de ocupación, hacer cosas distintas. Esta es la mejor manera de afilar “nuestras herramientas” y de recuperar la energía que necesitamos para nuestro día a día.

Seguir haciendo algo a la fuerza, cuando ya no nos queda energía, suele ser en cambio, un vano intento de reemplazar con voluntad nuestra incapacidad para realizar de manera eficaz una tarea en un momento determinado.

Priorízate 

Puedes cambiar la respuesta de "No tengo tiempo" a "Voy a elegir qué hacer con mi tiempo" y comprobar los resultados. 


Y sobre todo... no dejes de contárnoslo. 





LOS HÁBITOS EMOCIONALES

 

Nuestros PATRONES o HÁBITOS EMOCIONALES son las “lentes” o filtros a través de las que interpretamos la realidad, o mejor dicho, le damos significado a aquello que nos sucede. Su origen suele estar en nuestras experiencias tempranas, momentos en los que buscando cubrir nuestras necesidades infantiles (pertenencia, seguridad, autonomía, auto-expresión, espontaneidad, etc.) aprendimos que a una determinada situación le correspondía una determinada respuesta por nuestra parte, y este aprendizaje quedó programado en nuestra manera de relacionarnos con nosotros mismos, con los demás y con el mundo. 
Y ya sabemos que no siempre esas necesidades infantiles son cubiertas por nuestros adultos de referencia… 
Una mente infantil frente a unos padres ausentes o emocionalmente fríos o muy críticos puede llegar a la conclusión de que ha de trabajar de más, no dar problemas, ser bueno/a y ser perfecto/a para no decepcionar y ser aceptado y querido…

Estas asociaciones situación-respuesta se transforman en esquemas o sistemas de almacenamiento que conservan ese aprendizaje emocional específico basado en nuestra experiencia de vida y no en la realidad, y ya de adultos actúan como “atajos” a la hora de interpretar lo que nos pasa y de responder de forma automática a nuestros acontecimientos vitales.

¿Qué sucede entonces cuando esos modelos de realidad o esquemas que se generaron a edades tempranas están distorsionados, son desadaptativos o incluso autodestructivos? Pues que de adultos, repetimos una y otra vez patrones automáticos  que no llevan a ningún lado o peor… nos llevan a estar mal con nosotros mismos y con los demás.

Por suerte NO hemos nacido con todos esos hábitos emocionales. Todos ellos han sido aprendidos y “programados” en nuestra mente a base de experiencia y repetición. Y aunque cuesta detectar esos patrones ocultos, podemos tomar conciencia de qué los desencadena, cómo se manifiestan y re-programarnos con respuestas más adaptativas y funcionales.

Según la Terapia de Esquemas de Young, existen nada más y nada menos que 18 esquemas o modelos de realidad desadaptativos... 

Si te interesa saber más de ellos, ya te iré contando.







Si tomamos conciencia y nos damos la oportunidad, las personas SÍ podemos cambiar.

CÓMO GESTIONAR CONVERSACIONES PENDIENTES



¿Sabías que existen estudios que muestran que somos capaces de pensar alrededor de 3.000 palabras por minuto? Pero solo podemos verbalizar aproximadamente 1.000 en ese mismo lapso de tiempo. ¿Qué pasa entonces cuando nos enfrentamos a una conversación difícil o a una situación violenta en la que debemos defender nuestros intereses? Pues lo más normal es que nos dejemos “secuestrar” por nuestras emociones y acabemos diciendo aquello que no queríamos.


Y más habitual todavía es, cuando acabas de salir por la puerta, pensar aquello de: le podría haber dicho tal cosa y tal otra, pero en ese momento, con los nervios, no me ha salido…

Muchas veces tenemos conversaciones pendientes con nuestro jefe, con nuestra pareja, hijos, y las vamos aplazando “ad infinitum” por lo que anticipamos que puede pasar cuando finalmente tengamos que hacerles frente, y nos justificamos diciendo que con esa persona no se puede hablar, para qué hacerlo si acabaremos discutiendo… dando por hecho que la cosa terminará mal y no somos conscientes de los costes de esta postura y de lo que podemos perder si no le hacemos frente. Miles de posibilidades se han quedado en nada por no tener una conversación a tiempo...

¿Cómo podemos solucionarlo y gestionar estas conversaciones pendientes para mejorar nuestras relaciones? 

Propongo no improvisar y tomar estas 5 acciones, respondiendo a preguntas potentes, haciéndonos un cuestionario a nosotros mismos (nos puede ayudar poner las respuestas por escrito):

1. Asumir la responsabilidad 

-¿He hecho yo algo para que se de esta situación?

-¿Qué me ha impedido hasta hoy llevar a cabo esta conversación?

2. Ponerse en el lugar del otro

-¿Cómo creo que se siente la otra persona? ¿Qué piensa?

-¿Creo que él/ella hace las cosas mal a propósito? ¿Podría ser que actuara así por otra razón?

3. Revisar nuestros juicios y valorar la relación con esa persona 

-¿Qué valor tiene para mí esta persona? ¿Qué es lo que me aporta?

-¿Qué quiero conservar de esta relación? ¿Qué puedo perder si no tengo esta conversación?
-¿Qué emociones debo evitar para que salga bien?

4. Definir o re-definir nuestros objetivos 

-¿Qué es lo que quiero conseguir de esta conversación? ¿Qué ofrezco yo?
-¿Qué será diferente a partir de ahora?
-¿Qué consecuencias tendrá haber mantenido esta conversación al margen del resultado?

5. Ponerle fecha 

-Decidir cuándo y dónde se llevará a cabo

-Decidir cómo le plantearé a la otra persona que quiero tener esta conversación


Después de hacer todo este trabajo de introspección y auto-evaluación , estamos preparados para escribir el guión de la conversación que queremos tener y visualizarla tal y como deseamos que suceda. Hacernos todas estas preguntas nos ayudará a poner en claro lo que queremos comunicar y con qué fin y valorar lo que podríamos perder si aparcamos el tema en el cajón de cosas pendientes.

“No es porque las cosas sean difíciles por lo que no nos atrevemos; sino que, por no atrevernos, ellas se hacen arduas”.
Séneca