LOS HÁBITOS EMOCIONALES

 

Nuestros PATRONES o HÁBITOS EMOCIONALES son las “lentes” o filtros a través de las que interpretamos la realidad, o mejor dicho, le damos significado a aquello que nos sucede. Su origen suele estar en nuestras experiencias tempranas, momentos en los que buscando cubrir nuestras necesidades infantiles (pertenencia, seguridad, autonomía, auto-expresión, espontaneidad, etc.) aprendimos que a una determinada situación le correspondía una determinada respuesta por nuestra parte, y este aprendizaje quedó programado en nuestra manera de relacionarnos con nosotros mismos, con los demás y con el mundo. 
Y ya sabemos que no siempre esas necesidades infantiles son cubiertas por nuestros adultos de referencia… 
Una mente infantil frente a unos padres ausentes o emocionalmente fríos o muy críticos puede llegar a la conclusión de que ha de trabajar de más, no dar problemas, ser bueno/a y ser perfecto/a para no decepcionar y ser aceptado y querido…

Estas asociaciones situación-respuesta se transforman en esquemas o sistemas de almacenamiento que conservan ese aprendizaje emocional específico basado en nuestra experiencia de vida y no en la realidad, y ya de adultos actúan como “atajos” a la hora de interpretar lo que nos pasa y de responder de forma automática a nuestros acontecimientos vitales.

¿Qué sucede entonces cuando esos modelos de realidad o esquemas que se generaron a edades tempranas están distorsionados, son desadaptativos o incluso autodestructivos? Pues que de adultos, repetimos una y otra vez patrones automáticos  que no llevan a ningún lado o peor… nos llevan a estar mal con nosotros mismos y con los demás.

Por suerte NO hemos nacido con todos esos hábitos emocionales. Todos ellos han sido aprendidos y “programados” en nuestra mente a base de experiencia y repetición. Y aunque cuesta detectar esos patrones ocultos, podemos tomar conciencia de qué los desencadena, cómo se manifiestan y re-programarnos con respuestas más adaptativas y funcionales.

Según la Terapia de Esquemas de Young, existen nada más y nada menos que 18 esquemas o modelos de realidad desadaptativos... 

Si te interesa saber más de ellos, ya te iré contando.







Si tomamos conciencia y nos damos la oportunidad, las personas SÍ podemos cambiar.

CÓMO GESTIONAR CONVERSACIONES PENDIENTES



¿Sabías que existen estudios que muestran que somos capaces de pensar alrededor de 3.000 palabras por minuto? Pero solo podemos verbalizar aproximadamente 1.000 en ese mismo lapso de tiempo. ¿Qué pasa entonces cuando nos enfrentamos a una conversación difícil o a una situación violenta en la que debemos defender nuestros intereses? Pues lo más normal es que nos dejemos “secuestrar” por nuestras emociones y acabemos diciendo aquello que no queríamos.


Y más habitual todavía es, cuando acabas de salir por la puerta, pensar aquello de: le podría haber dicho tal cosa y tal otra, pero en ese momento, con los nervios, no me ha salido…

Muchas veces tenemos conversaciones pendientes con nuestro jefe, con nuestra pareja, hijos, y las vamos aplazando “ad infinitum” por lo que anticipamos que puede pasar cuando finalmente tengamos que hacerles frente, y nos justificamos diciendo que con esa persona no se puede hablar, para qué hacerlo si acabaremos discutiendo… dando por hecho que la cosa terminará mal y no somos conscientes de los costes de esta postura y de lo que podemos perder si no le hacemos frente. Miles de posibilidades se han quedado en nada por no tener una conversación a tiempo...

¿Cómo podemos solucionarlo y gestionar estas conversaciones pendientes para mejorar nuestras relaciones? 

Propongo no improvisar y tomar estas 5 acciones, respondiendo a preguntas potentes, haciéndonos un cuestionario a nosotros mismos (nos puede ayudar poner las respuestas por escrito):

1. Asumir la responsabilidad 

-¿He hecho yo algo para que se de esta situación?

-¿Qué me ha impedido hasta hoy llevar a cabo esta conversación?

2. Ponerse en el lugar del otro

-¿Cómo creo que se siente la otra persona? ¿Qué piensa?

-¿Creo que él/ella hace las cosas mal a propósito? ¿Podría ser que actuara así por otra razón?

3. Revisar nuestros juicios y valorar la relación con esa persona 

-¿Qué valor tiene para mí esta persona? ¿Qué es lo que me aporta?

-¿Qué quiero conservar de esta relación? ¿Qué puedo perder si no tengo esta conversación?
-¿Qué emociones debo evitar para que salga bien?

4. Definir o re-definir nuestros objetivos 

-¿Qué es lo que quiero conseguir de esta conversación? ¿Qué ofrezco yo?
-¿Qué será diferente a partir de ahora?
-¿Qué consecuencias tendrá haber mantenido esta conversación al margen del resultado?

5. Ponerle fecha 

-Decidir cuándo y dónde se llevará a cabo

-Decidir cómo le plantearé a la otra persona que quiero tener esta conversación


Después de hacer todo este trabajo de introspección y auto-evaluación , estamos preparados para escribir el guión de la conversación que queremos tener y visualizarla tal y como deseamos que suceda. Hacernos todas estas preguntas nos ayudará a poner en claro lo que queremos comunicar y con qué fin y valorar lo que podríamos perder si aparcamos el tema en el cajón de cosas pendientes.

“No es porque las cosas sean difíciles por lo que no nos atrevemos; sino que, por no atrevernos, ellas se hacen arduas”.
Séneca




CREAMOS LO QUE CREEMOS


Todos vemos el mundo que nos rodea según nuestros propios modelos o paradigmas mentales, porque nos ayudan a interpretar aquello que sucede a nuestro alrededor y a la vez, determina nuestra manera de actuar al respecto. 

Emitimos continuamente juicios de opinión basados en nuestra realidad y aunque esté consensuada por aquellos que nos rodean, no siempre estamos en lo cierto... Muchas veces deberíamos cuestionar nuestras creencias antes de dar nada por hecho.

Para mostrar empíricamente lo que acabo de exponer, os explico un experimento muy interesante realizado con nuestros primos lejanos (o no tan lejanos):  los monos.

Se reunió a un grupo de monos en una amplia habitación. Justo en el centro se colocó una escalera que llevaba directamente hacia un racimo de plátanos que colgaba del techo y al lado, un aspersor de los que se disparan con agua fría cuando hay un incendio.

El experimento consistía en que cada vez que uno de los monos intentaba escalar para llegar a su preciada fruta, el aspersor lo mojaba con abundante agua fría. Uno tras otro, todos los monos intentaban subir a buscar su premio, pero poco a poco, en unos días, dejaron de hacerlo . 
Al mismo tiempo y casualmente, el aspersor se estropeó y quedó anulado.

Los experimentadores tuvieron que cambiar a uno de los monos de la prueba por un mono nuevo. 
¿Y que creéis que fue lo primero que hizo al entrar en la habitación? 
Pues si, intentó subir la escalera a por los plátanos... pero al poner el pie en el primer peldaño, el resto de monos se le echó encima con gran violencia para evitarle la ducha que ellos creían que se llevaría. 

Al día siguiente cambiaron a otro de los monos, y se repitió la misma situación (el mono que había entrado nuevo el día anterior, también se sumó al resto de compañeros para evitar que el nuevo subiera la escalera, y cada vez lo hacían con más violencia ).

Así, poco a poco, fueron cambiando a todos los monos del experimento hasta que ya no quedó ninguno de los que vivieron la situación original (la ducha de agua fría), en la que se mojaban al intenta alcanzar los plátanos, pero allí seguía la escalera y la fruta sin tocar y ya ninguno no lo intentaba...

Esta situación nos demuestra que las creencias que sirven de filtro a nuestra realidad y nos hacen actuar de una determinada manera, muchas veces nos cierran posibilidades. Y muchas de estas creencias han sido ''heredadas'' de otros y las damos por buenas sin ni siquiera cuestionarnoslo... sólo se basan en la tradición.

Te propongo un ejercicio:

- identifica qué creencias limitantes determinan tu manera de relacionarte e interactuar con tu entorno.
-examina y cuestiónate qué base de realidad tienen para ti. Busca evidencias.
-comprueba su utilidad y en caso de que ya no tesirvan, deséchalas y cambialas por otras más útiles.

Y por último... 
-formula nuevas creencias inspiradoras que te acerquen a quién quieres ser. 


''La creencia no es el principio, sino el fin de todo conocimiento''
Goethe