LA OBSOLESCENCIA PREMATURA


Conocemos sobradamente que casi todos los objetos que nos rodean, están programados y fabricados para no durar y están condenados a una vida bastante limitada. Cuando adquirimos nuestros teléfonos, ordenadores, relojes, bombillas… sabemos y aceptamos de antemano que esto es así y que llegará un día, más tarde o más temprano, aunque normalmente temprano :( , en que deberemos sustituirlos por otros, pues quedaran obsoletos.

Tal vez por tenerlo tan aceptado, ha traspasado las barreras de lo material y estamos empezando a aplicárnoslo a nosotros mismos.Cada día vemos cómo muchas personas, se auto-eliminan del juego (de la vida) antes de que acabe el partido.
A este fenómeno social , Peter Drucker (abogado y tratadista austríaco, padre del management) lo denominó La Obsolescencia Prematura. Observamos y/o experimentamos este fenómeno cuando nos auto limitamos y nuestro diálogo interior nos dice que ya no somos útiles, que esto o aquello ya no es para nosotros, que ya tenemos una edad para estar pensando en cambiar de trabajo o en el caso que no lo tengamos, nos condenamos de antemano, profetizando que nadie nos va a contratar ,y ya sabemos que ponemos todo nuestro empeño en que nuestras profecías se cumplan…

El mismo autor Peter Druker escribió su último libro a la edad de 90 años. Verdi compuso una de sus mejores obras a los 80, Eduardo Punset tiene 76 años y sigue en activo y aportándonos sus conocimientos científicos en sus conferencias y publicaciones. Entonces, ¿porqué una persona con 50 años o más, no puede sentirse productivo y se autoelimina del juego antes que acabe “su partido”?.
Debemos cuestionarnos la nula utilidad de estas dichosas creencias irracionales, limitantes, que nos atacan y acaban convenciéndonos y cambiar el enfoque de la connotación negativa que nos produce el término envejecer por el de madurar y empezar cada día con el objetivo de encontrar nuestra mejor versión. Cuando se cumplen los 40,50, 60…. se poseen conocimientos y experiencias que no existen a los 20, y si uno mismo no apuesta por su propio valor, es bastante difícil hacérselo ver a los demás. Céntrate en lo que tienes, NO en lo que no tienes porque está demostrado que aquello en lo que te centras, se expande.
No hay duda, la mejor estrategia para convencer es estar convencido.

Todo este proceso requiere un cambio de paradigma mental y no se produce de forma instantánea ni de un día para otro, requiere un trabajo de toma de conciencia de aquellas creencias que nos auto limitan; ver de qué manera nos impiden hoy disfrutar de “nuestro partido” y cómo repercute en la imagen que ofrecemos a los demás a causa de ello. Implica conocernos mejor y redescubrir nuestras fortalezas y talentos.
En definitiva, darnos cuenta de que tenemos la opción, en el presente, de SER distintos. Tomar las riendas y sustituir estas creencias limitadoras por otras que sean inspiradoras (nunca es tarde; no hace falta buscar la perfección, sólo la eficiencia; no hay que darse por vencido mientras dure el partido; los errores o fracasos son fuentes de aprendizaje, etc) y además ciertas.

Nadie debe quedarse fuera de juego hasta que pite el “árbitro” y termine el partido. Porque el partido siempre termina y hasta en el último minuto se puede marcar un gol.

;-)) Carpe Diem






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